INSULT-ARTE

Insultar es escupir palabrotas, desahogar el alma con groserías y se puede hacer con soez ingenio.

Al insultar hay una liberación emocional y mental que difícilmente se consigue de otra manera tan rápido, amamos la blasfemia ¡Gracias a Dios! Descargar ira, rabia y furia verbales ha hecho mucho bien al ser humano desde un punto de vista escatológico, religioso y de mil colores aunque, dependiendo del siglo en el que vivieras podías ser castigado duramente por ello.

Hoy en día existe la mejor opción de todas y es el insult friendly que acerca y comparte risas desde la ironía, la cultura y la gastronomía. Se puede (y se debe) insultar desde el buen rollo, fomentar la historia rememorando los casposos y casi olvidados improperios medievales (¡jódete, Tomás de Torquemada!) o crear nuevas conexiones neuronales para inventar tu nuevo insulto favorito.

No hay mejor terapia que reírse de la vida y de uno mismo para ver con mejor perspectiva los problemas y no ahogarse en un vaso de agua (¡mejor en una margarita frozen y con la panza bien llena!)

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